Comencemos con una gran lección:
Según cuenta un antiguo relato japonés, un belicoso samurai desafió en una ocasión a un maestro zen a que explicara el concepto de cielo e infierno. Pero el monje respondió con desdén: "No eres más que un patán. ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú!".
Herido en lo más profundo de su ser, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó: "Podría matarte por tu impertinencia".
"Eso", repuso el monje con calma, "es el infierno."
Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maestro señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el samurai se serenó, envaino la espada y se inclinó, agradeciendo al monje la lección.
"Y eso", añadió el monje, "es el cielo."
El súbito despertar del samurai a su propia agitación ilustra la diferencia crucial que existe entre quedar atrapado en un sentimiento y tomar conciencia de que uno es arrastrado por él.
Tomar en cuenta nuestros sentimientos y acciones son la plena ilustración de lo que nos conocemos, y en este capitulo es esa la premisa, ya que es una base fundamental para arreglar y mejorar nuestra vida.
La frase de Sócrates "Conócete a ti mismo" confirma esa piedra angular de la inteligencia emocional: la conciencia de los propios sentimientos en el momento en que se experimentan, ayudan a reforzar otros rasgos de la personalidad como independencia, seguridad, salud psicológica y ante todo una visión positiva de la vida.
El ser humano esta hecho de una manera sorprendente con cada parte que lo forma y aún más los sentimientos, los cuales tienen razón de ser, la cual es complementar la vida, el sabor y sazón de cada persona, hasta ahora queda claro que las decisiones no pueden tomarse correctamente sólo gracias a la racionalidad; exigen sentimientos viscerales, la sabiduría emocional acumulada gracias a las experiencias pasadas.
Quienes tienen una sintonía natural con la voz de su corazón -el lenguaje de la emoción- están seguros de ser más expertos en la articulación de sus mensajes, resulta una "sabiduría inconsciente", los significados sentidos de nuestros sueños y fantasías, los símbolos que personifican nuestros más profundos deseos.
El objetivo es el equilibrio, no la supresión emocional: cada sentimiento tiene su valor y su significado, una vida sin pasión sería un aburrido páramo de neutralidad, aislado y separado de la riqueza de la vida misma. Pero, como señaló Aristóteles , lo que se quiere es la emoción adecuada, el sentir de manera proporcionada a las circunstancias. Cuando las emociones son demasiado apagadas crean aburrimiento y distancia; cuando están fuera de control y son demasiado extremas y persistentes, se vuelven patológicas, como en la depresión inmovilizante, la ansiedad abrumadora, la furia ardiente y la agitación maníaca.
Así que en la vida el sufrimiento es más que solo dolor o malestar, es una contribución constructiva que hace a la vida creativa y espiritual; el sufrimiento puede templar el alma. Es una gran compensación el conocerse y además el aprender, saber actuar y mejorar en cada acción y decisión.
Los dejo con ganas de saber más... pues hasta aquí no llega esto, buena noche.
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