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sábado, 19 de noviembre de 2011

MÁS DEL LIBRO (sexto del 2do parcial)

Oportunidades
La vida en familia es nuestra primera escuela para el aprendizaje emocional; en esta caldera aprendemos cómo sentirnos con respecto a nosotros mismos y cómo los demás reaccionarán a nuestros sentimientos; a pensar sobre estos sentimientos y qué alternativas tenemos; a interpretar y expresar esperanzas y temores. Esta escuela emocional no sólo opera a través de las cosas que los padres dicen o hacen directamente a los niños, sino también en los modelos que ofrecen para enfrentarse a sus propios sentimientos y a los que se producen entre marido y mujer. Algunos padres son dotados maestros emocionales, otros son desastrosos.

A medida que los chicos crecen, las lecciones específicas para las que están preparados –y que necesitan- cambian. Aunque algunas habilidades emocionales se afilan con los amigos a través de los años, los padres emocionalmente expertos pueden hacen mucho para ayudar a sus hijos con cada una de las cuestiones básicas de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, elaborar y aprovechar sus sentimientos, a empatizar y enfrentarse a los sentimientos que surgen en las relaciones.

La buena disposición de un niño para la escuela depende del más básico de todos los conocimientos, de cómo aprender que con ayuda de los padres y de los profesores de preescolar se le brinda un niño el cuidado que lo equipará en su educación sentimental, equipados con los siguientes siete ingredientes claves de esta capacidad crucial, todos relacionados con la inteligencia emocional:

1.        Confianza. La sensación de controlar y dominar tu propio cuerpo, la sensación y el mundo; la sensación del niño de que lo más probable es que no fracase en lo que se propone, y de que los adultos serán amables.
2.        Curiosidad. La sensación de que  descubrir cosas es algo positivo y conduce al placer.
3.        Intencionalidad. El deseo y la capacidad de producir un impacto, y de actuar con persistencia. Esto está relacionado con la sensación de competencia, de ser eficaz.
4.        Autocontrol. La capacidad de modular y dominar las propias acciones de maneras apropiadas a la edad; una sensación de control interno.
5.        Relación. La capacidad de comprometerse con otros, basada en la sensación de ser comprendido y de comprometer a los demás.
6.        Capacidad de comunicación. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con las demás. Relacionado con la confianza en los demás y de placer en comprometerse.
7.        Cooperatividad. La capacidad de equilibrar las propias necesidades con las de los demás en una actividad grupal.

Un niño que no puede concentrar su atención, que es suspicaz en lugar de confiado, triste o airado en ligar de optimista, destructivo en lugar de respetuoso y se siente dominado por la ansiedad, preocupado por la fantasías atemorizantes y en general descontento son respecto a sí mismo… ese niño tiene pocas oportunidades –para no hablar de la igualdad de oportunidades- de reivindicar las posibilidades del mundo con propias.

Con el tiempo y el aprendizaje nos hacemos conscientes de nuestros daños para salir adelante y superarlos, esto  nos proporcionará mejorar nuestra próxima generación, ya sean nuestros propios hijos o los cercanos a nosotros para adquirir beneficios en conjunto y satisfacer las muchas necesidades de este mundo tan cambiante, el cual depende de tantas ideas y emociones las cuales nos llevan a disfrutarnos.
Por hoy parece un buen comienzo para un cambio, que tengan dulces sueños...

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